Allí encontrarán la verdad.
Con todo mi amor,
Mamá».
Leí la carta tres veces.
Mi madre había muerto creyendo que nos había protegido.
Pero quizá sus documentos habían puesto a nuestra familia en peligro.
Y Lucía había desaparecido justo cuando era una niña que podía haber descubierto algo que los adultos querían ocultar.
La caja de seguridad número 214
La abogada verificó la existencia de la caja.
El banco había cambiado de nombre dos veces, pero algunos registros antiguos seguían conservándose.
Tras varios trámites legales, conseguimos autorización para abrirla.
Alejandro insistió en acompañarme.
Lucía también quería venir, pero los médicos nos recomendaron evitarle situaciones demasiado estresantes. Acordamos que permanecería en casa con una enfermera y que le contaríamos lo ocurrido cuando estuviéramos preparados.
El banco nos condujo a una pequeña sala privada.