PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

—¿Yo decía eso?

—Todos los días.

Se rio suavemente.

Y durante unos segundos volvió a ser la niña que recordaba.

Después su expresión cambió.

—Mariana, hay algo que todavía no te he contado.

Me volví hacia ella.

—Puedes contarme lo que quieras.

Lucía dejó la taza sobre la mesa.

—La noche en que desaparecí, no estaba sola.

Esperé.

—Había una mujer conmigo. No recuerdo su rostro, pero recuerdo que lloraba. Me dijo que tenía que entregarle algo a mi familia.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué cosa?

Lucía cerró los ojos.

—Un sobre.

—¿Qué había dentro?

—No lo sé. Nunca llegué a verlo.

Se apretó las manos.

—Antes de que pudiera entregármelo, apareció aquel hombre. Hubo una discusión. Después, un golpe. Y todo se volvió oscuro.

Me incliné hacia ella.

—¿Crees que esa mujer trabajaba con el padre de Alejandro?

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