PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

—Te lo juro.

Quería creerle.

Habíamos compartido quince años de matrimonio. Habíamos superado problemas económicos, la muerte de su padre y varias crisis que habían puesto a prueba nuestra relación.

Pero ahora cada silencio parecía esconder un secreto.

—Necesito que me ayudes a encontrar la verdad —le dije—. No importa lo que descubramos.

Alejandro asintió.

—Lo haremos juntos.

Entonces escuchamos un ruido en el pasillo.

Lucía estaba de pie junto a la puerta.

Tenía la carpeta entre las manos.

Su rostro había perdido todo el color.

—Ese hombre… —susurró.

Me acerqué a ella.

—¿Qué hombre?

Señaló la fotografía.

Su dedo temblaba.

—El hombre que me llevó aquella noche.

Me quedé helada.

—¿Roberto?

Lucía negó lentamente con la cabeza.

Después señaló al padre de Alejandro.

—No.

Su voz se quebró.

—Fue él quien me dijo que no volviera a casa.

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