PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Era una melodía sencilla.

Cuatro notas descendentes, una pausa y otras tres notas.

Me quedé paralizada.

Nuestra madre solía cantarnos aquella canción antes de dormir. La había inventado cuando éramos pequeñas, y durante años fue nuestro secreto familiar.

No existía ninguna grabación.

Nadie fuera de nuestra familia la conocía.

Me incliné hacia ella, llorando.

—¿Quién te enseñó esa canción?

La anciana me miró.

Por primera vez, apareció algo parecido a una sonrisa en su rostro.

—Mamá.

Me cubrí la boca.

Ella apretó mi mano con fuerza.

—Mamá me cantaba cuando había tormenta. Tú te escondías debajo de las mantas y yo me reía de ti.

Solté una carcajada entre lágrimas.

Era cierto.

Yo tenía miedo de los truenos.

Lucía siempre se burlaba de mí por eso.

—¿Recuerdas algo más? —pregunté.

La mujer me acarició la mejilla.

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