PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Me quedé sin aire.

—¿Ya sabías lo de la marca?

Alejandro cerró los ojos.

—Sí.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

—¿Y no me dijiste nada?

—No tenía una identificación. No había pruebas suficientes. No quería darte falsas esperanzas.

—¡Podrías haberme mostrado la fotografía!

Él no respondió.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—¿Desde cuándo sabías que podía ser ella?

Alejandro volvió a mirarme.

—Desde hace tres meses.

Me aparté de él.

Tres meses.

Noventa días.

Durante todo ese tiempo había desayunado a su lado, había dormido en nuestra cama y había hablado con él sobre mi hermana, sobre nuestra madre y sobre el vacío que nunca había conseguido llenar.

Y él había guardado silencio.

—¿Por qué? —pregunté con lágrimas en los ojos—. ¿Por qué no me lo dijiste?

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