PARTE 2 — La trampa que nunca vieron venir

—¿Quién?

Michael deslizó una hoja hacia mí.

Era un mensaje en el que mi padre decía que, una vez instalada Olivia, yo terminaría aceptando la situación para evitar un escándalo familiar.

Debajo aparecía una respuesta:

«Dale unos días. Siempre acaba cediendo».

Reconocí el número.

Pertenecía a mi hermana.

Me quedé mirando aquellas palabras.

Olivia no había sido una víctima inocente de las promesas de papá. Al menos, los mensajes sugerían que sabía que yo no había aceptado la mudanza y que contaba con que acabaría cediendo.

Aun así, Michael me recordó que debíamos verificar el contexto completo antes de sacar conclusiones legales.

—No necesitamos vengarnos —dijo—. Necesitamos establecer qué ocurrió y proteger tus derechos.

Asentí.

Eso era exactamente lo que haríamos.

Dos semanas después, llegó la reunión que mi padre llevaba días intentando evitar.

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