PARTE 2: La noche en que Vivian dejó de esconderse

Los bordados del vestido enmarcaban mi espalda con una elegancia inesperada. La luz de los cristales resaltaba cada detalle del diseño, mientras el tul ofrecía una cobertura delicada sin ocultar por completo las marcas que habían quedado después de trece operaciones.

Una mujer mayor, cubierta de joyas, se llevó una mano al pecho.

—Dios mío… ¿esa es Vivian Whitmore?

Un empresario que conocía a mi familia desde hacía años se levantó de su asiento.

—Es ella. La mujer que salvó a Preston del incendio.

Los murmullos se extendieron por el salón.

Cassidy dejó de sonreír.

Su copa tembló entre sus dedos.

—No puede ser —susurró.

Preston se volvió hacia la entrada.

Cuando me vio, su rostro perdió el color.

Durante años me había obligado a caminar detrás de él. Me había pedido que me cubriera la espalda, que evitara las fotografías y que no asistiera a reuniones donde pudieran verme.

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