PARTE 2: La noche en que Vivian dejó de esconderse

Cassidy sonrió.

—Era cuestión de tiempo. Algunas mujeres deberían aceptar que, cuando pierden su belleza, también pierden su valor.

Preston bebió un sorbo de whisky.

—No hables de ella. Ya es pasado.

En ese instante, las conversaciones comenzaron a apagarse cerca de la entrada.

Un asistente anunció con voz solemne:

—¡El señor Gideon Ashford, presidente de Ashford Global!

Las puertas se abrieron.

Gideon apareció vestido con un esmoquin negro impecable.

Y caminando a su lado estaba yo.

Durante un segundo, nadie habló.

Sentí el peso de cientos de miradas sobre mi cuerpo. Mis manos temblaron ligeramente, pero Gideon no me apretó el brazo ni intentó guiarme. Me dejó caminar a mi propio ritmo.

Llevaba el vestido negro.

Mis cicatrices seguían allí.

No habían desaparecido milagrosamente. No se habían convertido en una piel perfecta por arte de magia.

Eran parte de mi historia.

Y aquella noche ya no me avergonzaban.

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