PARTE 2: La noche en que Vivian dejó de esconderse

Amelia bajó la mirada.

—¿Y cómo consigo que no me importe lo que digan?

Sonreí suavemente.

—No tienes que conseguirlo de un día para otro. Empieza por no permitir que sus opiniones decidan lo que puedes hacer con tu vida.

Ella asintió.

Y en sus ojos vi algo que reconocí inmediatamente.

Esperanza.

Aquella noche regresé a casa y abrí el armario donde guardaba el vestido negro de la gala.

Pasé los dedos por los bordados que rodeaban la espalda.

Durante mucho tiempo había pensado que mi historia se dividía en dos partes: la mujer que existía antes del incendio y la mujer que quedó después.

Ahora sabía que estaba equivocada.

Yo seguía siendo Vivian.

La misma mujer que había corrido hacia un edificio en llamas para salvar a alguien que amaba. La misma que había sobrevivido a trece operaciones. La misma que había llorado en silencio mientras su marido la despreciaba.

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