William detuvo la grabación.
—¿La reconoce?
No pude responder inmediatamente.
Alexander se acercó.
—Emily…
Sentí que las manos me temblaban.
Finalmente susurré:
—Sí.
El rey me observó con preocupación.
—¿Quién es?
Respiré profundamente.
—Es alguien que formaba parte de mi equipo.
William abrió lentamente otra carpeta.
Dentro había una fotografía militar.
Un hombre joven sonreía frente a una bandera estadounidense.
Sentí que el corazón se me detenía.
Porque aquel hombre había muerto durante la operación.
Al menos eso era lo que todos habíamos creído.
—Comandante —dijo William—, necesitamos que confirme su identidad.
Miré la fotografía.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Se llamaba Nathan Brooks.
Alexander frunció el ceño.
—¿Era su compañero?
Asentí.
—Mi segundo al mando.
William respiró profundamente.
—Entonces debe saber algo.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Qué?
El asesor bajó la voz.