Vi miedo.
Y vergüenza.
Pero también algo que llevaba años esperando.
Arrepentimiento.
El rey se acercó nuevamente.
—Comandante Carter, tenemos algo para usted.
Un asistente apareció sosteniendo una pequeña caja de terciopelo azul.
Dentro había una condecoración honorífica de la casa real.
El monarca la levantó cuidadosamente.
—Esta distinción reconoce su servicio y su contribución a la protección de vidas durante aquella operación.
Sentí que las manos me temblaban.
—Su Majestad, no sé qué decir.
Él sonrió.
—No necesita decir nada.
Los invitados comenzaron a aplaudir.
Pero lo que más me emocionó no fue la medalla.
Fue ver a mi padre llorando abiertamente.
Y a mi madre sonriendo entre lágrimas.
Después de la ceremonia, Rachel volvió a acercarse.
—Emily, ¿te quedarías?
La miré.
—¿Para qué?
Mi hermana respiró profundamente.
—Quiero que estés conmigo cuando vuelva a entrar al salón.