No fue porque no fueras digna de amor.
Fue porque ellos tomaron una decisión que nunca tuvieron el valor de explicarte».
Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista.
Continué leyendo.
«Cuando tenías cinco años, tus padres atravesaban graves dificultades económicas. Habían acumulado deudas y estaban a punto de perder su vivienda.
Vinieron a pedirme dinero.
Les ofrecí ayuda, pero con una condición: que dejaran de utilizar tu futuro como garantía de sus decisiones.
Se enfadaron.
Y aquella misma noche te dejaron conmigo».
Me llevé una mano a la boca.
Recordé vagamente aquella noche.
Mi pequeña maleta roja.
Mi madre diciéndome que volvería el domingo.
El abuelo arrodillándose frente a mí y prometiéndome que nunca estaría sola.
Seguí leyendo.
«Durante los primeros meses intenté localizarlos. Cuando finalmente lo conseguí, me dijeron que podía quedarme contigo si asumía todos tus gastos.