No busqué venganza.
Busqué la verdad.
Y, por primera vez, tenía la fuerza para enfrentarla.
Un año después
Un año después de aquella noche, llevé a Noah a un parque cerca de nuestra nueva casa.
Estaba empezando a caminar. Se tambaleaba sobre la hierba, se reía cada vez que conseguía dar tres pasos y extendía los brazos hacia mí cuando necesitaba ayuda.
Yo también había cambiado.
Me había separado de Jake y había comenzado a reconstruir mi vida con el apoyo de mi familia, mis médicos y mi terapeuta.
El proceso legal y las decisiones sobre la crianza de Noah continuaron por los cauces correspondientes. Jake tenía que asumir sus responsabilidades como padre, y yo tenía que asegurarme de que las decisiones futuras se tomaran con seriedad y pensando en nuestro hijo.
No todo fue sencillo.