—Sí, señor. Mucho antes de que usted la conociera.
Me senté lentamente.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Marisol comenzó a llorar.
—Porque Renata me amenazó. Dijo que me acusaría de robar si hablaba.
Miré nuevamente la fotografía.
Mi esposa había fallecido cuatro años atrás.
Renata llegó a mi vida dos años después.
Al menos eso era lo que yo creía.
—¿Qué relación tenían? —pregunté.
Marisol respiró profundamente.
—Isabel descubrió que Renata trabajaba para Mauricio Vargas.
Sentí un escalofrío.
—¿Y qué hizo?
—Guardó pruebas. Me pidió que las protegiera si alguna vez le ocurría algo.
Marisol salió de la habitación y regresó con una pequeña caja de madera.
Dentro había una memoria USB y una carta.
Reconocí inmediatamente la letra de Isabel.
«Alejandro, si algún día lees esto, significa que no conseguí explicarte lo que descubrí».