La recogió.
En la fotografía, él tendría unos diez años. Su padre lo sostenía por los hombros mientras yo sonreía junto a ellos, con el cabello alborotado por el viento.
Era uno de los pocos recuerdos que todavía conservaba de su padre.
—¿Quién rompió esto?
Paola apenas levantó la mirada.
—Se cayó. No voy a hacer un interrogatorio por cada cosa que pase.
Roberto apretó el marco entre las manos.
—Esta casa es de mi madre.
—Y tú eres su hijo. También es tu familia, ¿no?
—Eso no te da derecho a tratarla así.
Paola se levantó de golpe.
—¡No empieces\! Tú me dijiste que podíamos venir. Tú me dijiste que tu madre casi nunca estaba aquí. ¿Ahora resulta que yo soy la mala?
—Te dije que podíamos venir unos días. No te dije que la humillaras.
Ella cruzó los brazos.