Tiempo después supe que Alejandro había dejado de trabajar con algunos familiares y que estaba intentando reconstruir su empresa sobre una base más transparente.
Los procedimientos relacionados con las operaciones cuestionadas siguieron su curso. Algunas personas tuvieron que responder por sus decisiones y otras fueron apartadas de sus responsabilidades.
Rebeca comenzó a colaborar con una organización comunitaria que ofrecía apoyo a mujeres mayores.
No sé si lo hizo por arrepentimiento, por necesidad de encontrar un nuevo propósito o por ambas razones.
Tampoco necesitaba averiguarlo.
Mi vida había dejado de girar alrededor de los Salazar.
Y esa fue mi verdadera victoria.
No destruirlos.
No verlos suplicar.
No utilizar mi fortuna para demostrar que estaban equivocados.
Mi victoria fue recuperar el derecho a decidir quién quería ser.
Una tarde, mientras caminaba por el jardín de mi casa, me detuve frente a una fotografía de mi padre.