Durante las siguientes dos horas, Alejandro permaneció sentado frente a la unidad de cuidados intensivos.
No contestó llamadas.
No revisó correos.
No le importó que tres reuniones importantes fueran canceladas.
Por primera vez en años, nada de eso tenía importancia.
Solo quería escuchar una frase.
Su padre está fuera de peligro.
Finalmente, el doctor salió de la unidad.
—Señor Mendoza, su padre está estable por ahora. Presenta una deshidratación severa, desnutrición y una infección que debemos tratar. Ha tenido mucha suerte de que alguien lo encontrara a tiempo.
Alejandro cerró los ojos, aliviado.
—¿Puedo verlo?
—En unos minutos.
El médico hizo una pausa.
—Hay algo más. Por su estado, parece que lleva bastante tiempo viviendo en condiciones muy difíciles.
Alejandro sintió una punzada de culpa.
Cinco años.
Habían pasado cinco años desde la última discusión con su padre.