—¿Cómo está Mariana?
La doctora lo reconoció como el hombre que había preguntado por ella anteriormente.
—La madre está estable. El bebé nació antes de tiempo, pero nuestro equipo está atendiendo todas sus necesidades.
Alejandro dejó escapar el aire que llevaba horas conteniendo.
—¿Puedo verla?
—Si ella está de acuerdo y cuando terminemos las revisiones iniciales.
Alejandro asintió.
Esperó hasta que una enfermera le confirmó que Mariana podía recibir una visita breve.
Cuando entró en la habitación, la encontró agotada, pálida y con los ojos llenos de lágrimas.
Pero estaba sonriendo.
—Señor Mendoza —susurró al verlo.
—Mariana. ¿Cómo se siente?
—Cansada. Muy cansada.
Alejandro acercó una silla a su cama.
—¿Y el bebé?
Ella miró hacia la incubadora que se veía a través del cristal de la habitación contigua.
—Es un niño. Es pequeño, pero los médicos dicen que está recibiendo la atención que necesita.