Durante el trayecto, Mariana intentó respirar con calma.
Pero el dolor aumentaba.
Cuando llegaron a urgencias, el personal médico la atendió inmediatamente.
Una doctora la examinó y pidió que la trasladaran al área de maternidad.
—Está teniendo contracciones prematuras —explicó—. Vamos a vigilarla de cerca.
Mariana sintió que el miedo le cerraba la garganta.
—¿Mi bebé estará bien?
La doctora le tomó la mano.
—Vamos a hacer todo lo necesario para protegerlos a los dos.
Mientras el personal la preparaba para los estudios, Mariana cerró los ojos y pensó en su esposo.
Habían soñado juntos con aquel momento.
Él había pintado de amarillo una pequeña habitación y comprado una cuna que todavía estaba junto a la ventana.
Nunca había llegado a conocer a su hijo.
Y Mariana tenía terror de que algo saliera mal.
Una enfermera se acercó para revisar el suero.