Era una elección.
Una elección que hacían cada día.
Y que, cada día, volvían a elegir.
Porque Alejandro Rivera podía comprar casi cualquier cosa en el mundo. Pero la única cosa que realmente cambió su vida fue una mujer que llegó a una cita a ciegas con una vieja sudadera gris y el corazón lleno de cicatrices.
Y Lucía descubrió que su peor atuendo nunca había sido lo que necesitaba cambiar.
Lo que necesitaba era dejar de creer que tenía que esconderse para merecer amor.
FIN.