Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

—¡Yo organicé esta cita\! —repetía—. ¡Yo hice posible todo esto\!

—Técnicamente, yo casi lo espanto —le recordó Lucía.

—Eso fue parte de la estrategia.

—¿Qué estrategia?

Carla se secó las lágrimas.

—La estrategia de selección natural.

Lucía se rio tanto que casi arruinó su maquillaje.

Cuando llegó el momento de caminar hacia Alejandro, el murmullo de los invitados se apagó.

Él la esperaba al final del sendero, con un traje oscuro y los ojos brillantes.

Lucía llevaba un vestido blanco sencillo, sin demasiados adornos.

No necesitaba parecer una princesa.

No necesitaba demostrar que merecía estar allí.

Cuando llegó junto a Alejandro, él le tomó las manos.

—Estás preciosa —susurró.

Ella sonrió.

—Lo sé.

Alejandro soltó una carcajada emocionada.

—Me encanta esa respuesta.

Durante los votos, él habló primero.

—Lucía, antes de conocerte, pensaba que podía medir el valor de casi todo. Las empresas, las inversiones, los resultados. Pero tú me enseñaste que las cosas más importantes no caben en una hoja de cálculo. No puedo prometerte una vida sin dificultades. Puedo prometerte que no tendrás que enfrentarlas sola si quieres que esté a tu lado.

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