Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

Que había cometido errores y pedido perdón.

Que no había intentado comprar su amor.

Lucía miró el anillo y después volvió a mirarlo a él.

—Tengo algunas condiciones.

Alejandro cerró los ojos.

—Por supuesto que las tienes.

—Voy a seguir trabajando en la escuela.

—Lo sé.

—No voy a dejar que compres una casa enorme sin consultarme.

—De acuerdo.

—Sherlock dormirá en nuestra cama si le da la gana.

Alejandro abrió la boca.

La cerró.

—¿Podemos negociar ese punto?

—No.

Él suspiró dramáticamente.

—Está bien.

Lucía sonrió entre lágrimas.

—Y quiero que, cuando tengamos un problema, hablemos antes de intentar resolverlo por nuestra cuenta.

Alejandro asintió.

—Te lo prometo.

Ella respiró hondo.

Y, por primera vez en su vida, no sintió la necesidad de buscar una salida.

—Sí —susurró—. Sí, quiero casarme contigo.

Alejandro se quedó inmóvil durante medio segundo.

Después se levantó tan deprisa que casi golpeó la mesa con la rodilla.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *