Ella acarició suavemente su mejilla.
—Entonces quédate siendo tú.
Alejandro apoyó la frente contra la de ella.
—Eso intento.
Y aquella noche, por primera vez, Lucía comprendió que el dinero no había protegido a Alejandro del dolor.
Solo le había dado más formas de esconderlo.
Ambos habían pasado años construyendo defensas distintas.
Ella se había escondido detrás de ropa vieja, del sarcasmo y de la distancia.
Él se había escondido detrás de reuniones, contratos y una fortuna que parecía imposible de medir.
Y, sin darse cuenta, habían empezado a desmontar aquellas defensas juntos.
### Capítulo 9. La propuesta que no tenía precio
Un año después de su primera cita, Alejandro le pidió a Lucía que lo acompañara al pequeño café de la colonia Roma.
El mismo café.
La misma mesa junto a la ventana.