Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

A veces significaba confiar en que podía cruzarlas por sí misma.

Lucía tomó el micrófono.

Sus manos temblaban un poco.

Miró a los invitados.

Y empezó a hablar.

No habló de dinero.

No habló de Alejandro.

Habló de sus estudiantes.

De una niña que había aprendido a leer escondiendo los libros debajo de la mesa porque en casa nadie tenía tiempo para escucharla.

De un niño que preguntaba todos los días cuándo podrían visitar una biblioteca de verdad.

De los pequeños milagros que ocurrían cuando alguien le daba a un niño la oportunidad de descubrir que el mundo era mucho más grande que su calle.

Cuando terminó, el salón quedó en silencio durante un instante.

Después llegaron los aplausos.

Lucía regresó a su asiento con los ojos brillantes.

Alejandro le tomó la mano.

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