Su cabello estaba suelto.
Llevaba un poco de maquillaje.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no había elegido su ropa para ocultarse.
La había elegido porque le gustaba.
Cuando Alejandro llegó a recogerla, se quedó inmóvil al verla.
Lucía levantó una ceja.
—¿Qué?
Él abrió la boca.
La cerró.
Después sonrió.
—Estoy intentando encontrar una frase inteligente.
—¿Y?
—He fracasado por completo.
Lucía soltó una carcajada.
Alejandro le ofreció el brazo.
—Estás preciosa.
Ella sintió un calor suave en el pecho.
—Gracias.
—Y antes de que preguntes, no voy a decirte cuánto costó el vestido que llevo.
—No pensaba preguntarlo.
—Excelente. Nuestra relación está progresando.
La gala se celebraba en un elegante hotel de Polanco.
Había empresarios, periodistas, artistas y representantes de varias fundaciones. Los camareros circulaban entre los invitados con bandejas de bebidas, mientras una orquesta tocaba música suave al fondo del salón.