—¿Y por qué no me lo dijiste?
Alejandro se acercó, pero levanté la mano para detenerlo.
—Porque mi padre me hizo prometer que no revelaría el secreto hasta que él estuviera preparado —respondió—. Temía perderte. Temía que, si descubrías la verdad, todo lo que habíamos construido desapareciera.
Lo miré con incredulidad.
—¿Preferiste dejarme vivir una mentira?
—Me convencí de que estaba protegiéndote.
—¡No! ¡Estabas protegiéndote tú!
Alejandro no respondió.
Y entonces comprendí por qué había insistido tanto en que nunca entrara en aquella habitación cuando él no estuviera.
No era solo una cuestión de dignidad.
Tenía miedo de que yo descubriera la verdad.
La confesión de Don Ricardo
De pronto, escuchamos un sonido procedente de la cama.
Don Ricardo estaba intentando llamar nuestra atención.
Nos volvimos hacia él.
Su mano derecha temblaba ligeramente sobre la sábana. Con un esfuerzo doloroso, consiguió mover un dedo hacia la caja.