Tomé la primera caja.
La cinta se deslizó lentamente entre mis dedos.
Y justo cuando estaba a punto de levantar la tapa, sonó el timbre de la puerta principal.
Un hombre de traje oscuro esperaba al otro lado.
Llevaba un maletín de cuero y una expresión grave.
—¿El señor Daniel? —preguntó.
Asentí.
El desconocido miró por encima de mi hombro, hacia las tres hermanas.
—Mi nombre es licenciado Ramírez. Represento legalmente a Elena.
Abrió el maletín y sacó tres documentos sellados.
—Su esposa me pidió que entregara esto personalmente cuando sus hijas cumplieran veintiún años. Pero antes necesito hacerle una pregunta.
—¿Cuál?
El abogado me miró fijamente.
—¿Alguna vez se ha realizado una prueba de ADN entre usted y sus tres hijas?
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
El abogado bajó la voz.