CAPÍTULO 2: A LAS SEIS DE LA MAÑANA, TODO EL PUEBLO DESCUBRIÓ EL SECRETO DE MI PADRE

El hombre sonrió.

—Ella dice que eres el único hombre del pueblo que recuerda cuándo se le acaba la comida a todo el mundo.

Papá se limitó a encogerse de hombros.

—Tengo buena memoria.

El inspector había dejado de escribir.

Observaba cómo los vehículos seguían llegando y cómo las personas se distribuían por el huerto sin necesidad de instrucciones.

Desde su terraza, Brent también lo contemplaba todo.

Ya no sostenía la taza de café con la misma despreocupación.

Su rostro mostraba una mezcla de sorpresa e irritación, como si el espectáculo que tenía delante contradijera algo que llevaba días diciéndose a sí mismo.

La semana anterior, había presentado una queja formal ante el condado.

Había descrito el terreno como un adefesio que perjudicaba el aspecto de su propiedad. Según su escrito, las plantas estaban demasiado juntas, las hileras resultaban antiestéticas y las cajas de madera junto al cobertizo daban al vecindario una apariencia rural.

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