CAPÍTULO 2: A LAS SEIS DE LA MAÑANA, TODO EL PUEBLO DESCUBRIÓ EL SECRETO DE MI PADRE

Después de que el inspector se marchara, ayudé a mi padre a guardar las herramientas.

No podía dejar de pensar en todas las cosas que había descubierto aquella mañana.

—Papá, ¿por qué nunca me hablaste de esto?

Él colocó una pala junto a la pared.

—¿De qué?

—De todo. De las familias, de la iglesia, del dinero que ayudas a repartir. Llevas doce años haciendo esto.

Papá se volvió hacia mí.

—No pensé que fuera necesario contarlo.

—¡Pero soy tu hija!

Mi voz sonó más fuerte de lo que pretendía.

—Podrías haberme pedido ayuda. Podríamos haberlo hecho juntos.

Mi padre me miró con ternura.

—Cariño, tú tenías tu trabajo, tus responsabilidades y tu propia familia. No quería que sintieras que tenías que hacerte cargo de mis decisiones.

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

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