Papá le tendió la mano.
—Eso es todo lo que le pido.
El inspector se la estrechó.
Y entonces ocurrió algo que no esperaba.
El joven miró las libretas, el cobertizo y las hileras de verduras.
Después preguntó:
—Señor Lindqvist, ¿por qué me pidió que viniera a las seis de la mañana?
Mi padre se quedó pensativo.
Miró la carretera, ahora casi vacía.
—Porque a esa hora llegan las personas que necesitan el huerto.
El inspector guardó silencio.
Papá continuó:
—Durante el resto de la semana, usted habría visto plantas, cajas y una cerca vieja. Tal vez habría pensado que Brent tenía razón al llamarlo un adefesio.
Señaló la mesa donde los voluntarios estaban terminando de organizar las últimas bolsas.
—Pero a las seis, puede ver lo que realmente es este lugar.
El inspector bajó los ojos.
Por primera vez desde que había llegado, pareció comprender por qué aquella visita importaba tanto.