Y mi esposo, que llevaba meses actuando como si estuviera atrapado en una vida que ya no deseaba.
Por primera vez, comprendí que quizá no se trataba de una aventura amorosa.
Quizá Ashton estaba intentando quitarme algo.
Pero ¿qué podía querer de mí que justificara tantos secretos?
Me obligué a respirar despacio y seguí revisando la bolsa.
En el fondo encontré un sobre marrón cerrado con cinta adhesiva. Mi nombre estaba escrito en el frente, con la letra inconfundible de Ashton.
SUTTON MILLER.
Mis manos comenzaron a temblar.
Durante unos segundos pensé en dejarlo donde estaba. Una parte de mí todavía quería creer que existía una explicación razonable, algo que pudiera devolverme la confianza en el hombre que había permanecido a mi lado cuando los médicos me dijeron que quizá nunca volvería a ver.
Pero entonces recordé aquella frase de la libreta.