Capítulo 2: El secreto bajo nuestra cama

Quiero que recuerdes algo: ninguna fortuna es más valiosa que tu libertad, y ninguna persona que te ame de verdad te pedirá que renuncies a tu capacidad de decidir.

No te escribo porque crea que debas desconfiar de todo el mundo. Te escribo porque quiero que siempre conserves el derecho a elegir en quién confiar.

Si alguna vez pierdes el rumbo, vuelve a empezar.

No tienes que demostrar tu valor sobreviviendo al dolor. Tu valor nunca dependió de lo que pudieras ver, de lo que pudieras hacer ni de cuánto necesitaras ayuda.

Con todo mi amor,

Papá».

Apoyé la carta contra mi pecho y cerré los ojos.

Durante mucho tiempo había creído que necesitaba recuperar la vista para volver a ser la mujer que era antes del accidente.

Ahora comprendía que no tenía que regresar al pasado.

Podía construir algo nuevo.

Algo que me perteneciera por completo.

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