Solo documentos legales, conversaciones difíciles y la dolorosa aceptación de que el hombre con quien había compartido siete años de mi vida nunca había sido exactamente quien yo creía.
Pero, poco a poco, comencé a recuperar algo más importante que el dinero.
Mi independencia.
Mi oftalmólogo continuó supervisando mi recuperación. Mi visión mejoró gradualmente, aunque todavía necesitaba revisiones y ayuda en determinadas situaciones. Aprendí a desplazarme con mayor seguridad, retomé actividades que había abandonado y empecé a reconstruir mi vida lejos de la sombra de Ashton.
Claire estuvo a mi lado durante todo el proceso.
Una tarde, mientras caminábamos por un parque, me detuve frente a un árbol lleno de flores blancas.
Podía distinguir los pétalos, las ramas y la luz del sol atravesando las hojas.
Me eché a llorar.
—¿Qué ocurre? —preguntó Claire, preocupada.