Capítulo 4: La verdad que Ashton intentó enterrar
Leí el mensaje una y otra vez, esperando que las palabras cambiaran ante mis ojos.
«Tú no eras el único objetivo de aquella noche».
¿Qué significaba eso?
¿Quién más había estado en peligro? ¿Por qué alguien querría hacerme daño a mí y a otra persona al mismo tiempo?
Miré la hora. Eran las cuatro y veinte de la tarde.
La cita estaba prevista para la mañana siguiente, a las diez, en la dirección que aparecía en la libreta.
Pero había un problema: no sabía quién me había enviado aquel mensaje ni si podía confiar en esa persona.
Después de lo que acababa de descubrir sobre mi esposo, ya no estaba dispuesta a creer ciegamente en nadie.
Decidí responder.
—¿Quién eres? ¿Cómo conseguiste mi número?
La respuesta llegó casi inmediatamente.