—¿Y si consigo recordar algo importante?
Su rostro se endureció.
—¿Qué podría ser tan importante? Tuviste un accidente terrible. Sobreviviste. Eso es lo que importa.
Me dolió escuchar aquella respuesta.
No porque fuera cruel, sino porque parecía desesperado por cerrar una puerta que yo apenas acababa de descubrir.
—Tienes razón —murmuré—. Quizá estoy pensando demasiado.
Ashton soltó el aire y me besó la frente.
—Voy a preparar el desayuno. Después necesito que hablemos de unos documentos.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué documentos?
—Nada complicado. Son unos asuntos financieros que debemos resolver cuanto antes.
—¿No podemos revisarlos otro día?
Su sonrisa desapareció.
—Preferiría que los firmaras hoy.
Ahí estaba.
La prisa.
La misma que había escuchado en la voz de aquella mujer.
—Está bien —respondí, obligándome a sonreír—. Pero necesitaré que me leas todo con cuidado. Ya sabes que todavía no puedo distinguir bien las letras.