Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido

El rostro estaba parcialmente oculto, pero había algo inconfundible: una pequeña cicatriz junto a la oreja izquierda.

Daniel tenía esa misma cicatriz desde un accidente de infancia.

—Esta fotografía fue tomada hace once días —dijo Thomas—. En una ciudad a la que Daniel nunca habría tenido motivos para ir, al menos según la vida que todos creíamos que llevaba.

Sentí que las lágrimas me nublaban la vista.

Veinticinco años preguntándome qué le había ocurrido a mi hermano. Veinticinco años imaginando su último momento, preguntándome si había sufrido, si había pensado en nosotros.

Y ahora existía la posibilidad de que siguiera vivo.

—¿Dónde está? —pregunté.

Thomas guardó la fotografía antes de responder.

—No lo sé. Pero creo que David podría saberlo.

Se levantó de la silla y se abrochó la chaqueta.

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