—No digas eso.
—En el hospital ofreciste 150 mil pesos para cerrar el asunto. Hoy ofreces una casa y tus inversiones. ¿Cuál es la cantidad que crees suficiente para comprar el silencio de una madre?
Ricardo empezó a sollozar.
—Por favor, Mariana. Somos una familia.
—Éramos una familia hasta que decidiste convertir a nuestra hija en un obstáculo.
Se inclinó hacia mí.
—Si me condenan, voy a perderlo todo.
—Lo que más me duele es que Sofía estuvo a punto de perderlo todo por tu culpa.
Me levanté.
Él extendió la mano.
—Mariana, te lo suplico.
Me detuve junto a la puerta.
—Hay algo que todavía no entiendes. No estoy haciendo esto para vengarme de ti. Estoy haciendo esto porque ningún niño debería depender de que un adulto tenga suficiente dinero o influencia para que se investigue su muerte.
Salí sin mirar atrás.