Richard se secó las lágrimas.
—Porque llevo toda la vida creyendo que, si no hablo de las cosas malas, puedo evitar que sucedan. Cuando murió tu madre, me convencí de que tenía que protegerte de cualquier preocupación. Pero terminé ocultándote cosas que tenías derecho a conocer.
Me senté a su lado.
—No puedes protegerme de todo, papá.
—Ahora lo sé.
La llamada del hospital
Al día siguiente, la especialista me llamó.
Los resultados adicionales habían permitido descartar algunas de las explicaciones iniciales, pero todavía necesitaban completar la evaluación para determinar la causa exacta de la elevación hormonal.
Me citaron para una consulta con un equipo especializado.
Mi padre insistió en acompañarme.
Esta vez no hubo una cena misteriosa ni una bebida especial ni advertencias extrañas. Fuimos juntos, en pleno día, con todos los documentos que habíamos reunido.