—Cuando eras pequeña, tu madre y yo pasamos por una situación médica muy difícil. Hubo pruebas, tratamientos y preguntas que los médicos no pudieron resolver de inmediato. Nunca te lo contamos porque queríamos protegerte.
—¿Qué situación?
Él respiró profundamente.
—Tu madre tenía antecedentes de una enfermedad que podía afectar a varias personas de la familia. Cuando empezaste a hacerte adulta, pensamos que sería importante que conocieras esa historia. Pero tu madre enfermó y murió antes de que encontráramos el momento adecuado.
Miré los documentos.
No comprendía todavía qué relación podía tener aquello con mis análisis, pero por primera vez entendí que mi padre no había organizado aquella cena para hacerme daño.
Había intentado encontrar una manera torpe de hablar de algo que lo aterrorizaba.
—¿Por qué no me lo dijiste directamente? —pregunté.