Mi padre se volvió hacia mí.
—La noche de la cena quería contártelo. Por eso preparé la mesa, por eso te pedí una fotografía. Quería tener un recuerdo de nosotros por si las cosas salían mal.
Sentí que las lágrimas comenzaban a caer.
—¿Estás enfermo, papá?
Él bajó la mirada.
—Todavía no tengo todas las respuestas.
Lo abracé antes de que pudiera decir nada más.
Durante unos minutos lloramos juntos, mientras el doctor nos daba tiempo para calmarnos.
Pero aún quedaba una pregunta que no podía ignorar.
—Papá, ¿qué tiene que ver todo esto con mi análisis de sangre?
Richard me miró.
—No lo sé, cariño. Y esa es la parte que más miedo me da.
La explicación que nadie esperaba
Durante los días siguientes, me sometí a nuevas pruebas.
Los médicos repitieron el análisis de hCG, realizaron otras determinaciones hormonales y solicitaron estudios adicionales para descartar diferentes causas.