—¿Por qué guardaste esa foto? —le pregunté.
Mi padre se acercó.
—Porque esa noche me di cuenta de que podía perder la oportunidad de decirte lo que llevaba años callando.
—¿Y qué querías decirme?
Me miró directamente a los ojos.
—Que te quiero, Sarah. Que siempre te he querido. Y que siento no habértelo dicho más veces.
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
Lo abracé con fuerza.
—No vuelvas a ocultarme algo importante para protegerme de la verdad.
Richard apoyó la barbilla sobre mi cabeza.
—Lo intentaré.
—Y yo intentaré no imaginar lo peor antes de conocer los hechos.
Nos quedamos abrazados durante mucho tiempo.
La bebida de aquella cena había sido una coincidencia inquietante, no una prueba de que mi padre hubiera intentado envenenarme. La elevación de hCG seguía necesitando una explicación médica, y no debíamos convertir nuestras sospechas en certezas.