Vio agotamiento.
—Entonces, ¿por qué lo humillas? —preguntó ella con suavidad—. ¿Por qué le dices que te da asco?
Daniel se cubrió la cara con las manos.
—Porque estoy enfadado, Ellen. Estoy enfadado con todo. Con mi madre por haberse muerto, con mi padre por haberse rendido y conmigo mismo por pensar cosas horribles de él.
Sus hombros comenzaron a temblar.
—Y después me siento culpable. Pero no sé cómo salir de esto.
Robert había escuchado cada palabra.
Por primera vez en mucho tiempo, comprendió que el sufrimiento de su hijo también era real.
Eso no borraba las humillaciones ni las noches en las que Daniel se había negado a ayudarlo. Pero explicaba una parte de la desesperación que ambos habían dejado crecer en silencio.
2. La decisión de Robert
Uno de los profesionales se acercó al sofá.
—Señor Robert, antes de trasladarlo, queremos explicarle cómo será la atención y responder a sus preguntas. Usted tiene derecho a conocer sus opciones y a participar en las decisiones sobre su cuidado, siempre que pueda hacerlo.