Peter, por su parte, había participado en la preparación y entrega de algunos de los productos investigados. Los fiscales tuvieron que determinar el alcance de su responsabilidad a partir de las pruebas verificadas.
El caso llegó finalmente ante los tribunales.
Mark fue declarado culpable de los delitos que se pudieron demostrar, incluidos los relacionados con el envenenamiento y el maltrato de su familia. Peter también tuvo que responder por su participación, de acuerdo con las pruebas presentadas en su contra.
La sentencia puso fin a la investigación penal, pero no borró las consecuencias que aquella experiencia había dejado en Sarah y Emily.
La recuperación fue lenta.
Sarah necesitó tratamiento médico y apoyo psicológico. Emily tuvo pesadillas durante meses y, algunas noches, se despertaba convencida de que su padre había regresado.
Una terapeuta especializada la ayudó a comprender que no era responsable de lo sucedido.