Cyrus sonrió sin alegría.
—Durante mucho tiempo pensé que la mejor solución era vivir lejos de todos.
—¿Y no es así?
—A veces, la soledad es más fácil que escuchar la crueldad de los demás. Pero eso no significa que la crueldad tenga razón.
Josephine volvió a mirarlo.
Cyrus señaló su propia cicatriz y luego la de ella, sin tocarla.
—No sé qué le ocurrió ni voy a pedirle que me lo cuente esta noche. Pero su rostro no me dice cuánto vale usted. Me dice que ha sobrevivido a algo que no debió tener que soportar.
Josephine se cubrió la boca.
Por primera vez en muchos años, alguien había mirado sus cicatrices sin convertirlas en una sentencia.
Y aquello le dolió casi tanto como los insultos, porque le recordó cuánto tiempo había pasado sin recibir una sola palabra amable.