—Cooper hizo un negocio vergonzoso con usted. Yo le entregué dinero para sacarla de aquella situación, pero eso no me convierte en su dueño.
Josephine lo miró fijamente.
—¿Entonces qué soy para usted?
Cyrus tardó en responder.
—Una persona que necesita un lugar seguro. Mientras quiera quedarse aquí, tendrá techo y comida. Si algún día decide marcharse, le ayudaré a encontrar un lugar donde pueda empezar de nuevo.
—¿Y no me pedirá nada a cambio?
—Le pediré que me diga si necesita ayuda. Que no se quede callada si algo le duele. Y que no crea que tiene que ganarse el derecho a estar aquí.
Josephine bajó la mirada.
—No sé cómo vivir así.
—Yo tampoco sé hacerlo todo bien —respondió él—. Tendremos que aprender.
Por primera vez, ella sonrió.
Fue una sonrisa pequeña, vacilante, pero verdadera.
Y Cyrus descubrió que llevaba mucho tiempo sin escuchar un sonido tan hermoso.