Porque la vida puede devolverte el dinero que perdiste, pero nunca puede devolverte los abrazos que negaste cuando alguien todavía los necesitaba.
Y Don Aurelio aprendió la lección más importante de todas:
No esperes a que tus padres sean pobres para descubrir cuánto valen. No esperes a que estén enfermos para visitarlos. Y no esperes a que mueran para decirles que los amas.
El dinero puede comprar una casa enorme, pero jamás podrá comprar el calor de una puerta que se abre con amor.