Ramira abrazó a su hija con todas las fuerzas que le permitían las esposas.
Ahora comprendía por qué Salomé había dejado de hablar de aquella noche. Comprendía las pesadillas, los silencios y el terror que sentía cada vez que Mauricio entraba en una habitación.
Pero había una pregunta que todavía no tenía respuesta.
—¿Por qué me lo cuentas ahora, mi niña?
Salomé levantó la cabeza.
—Porque ayer encontré algo en el despacho del tío Mauricio. Estaba buscando una fotografía tuya que guardaba papá. Encontré una caja escondida detrás de unos libros. Dentro había una carta y una grabadora pequeña. Escuché la voz del tío diciendo que había preparado todo para que te culparan.
Ramira sintió que las piernas le fallaban.
—¿Dónde está esa grabación?
—La escondí en mi muñeca de trapo. La trabajadora social me dejó traerla porque era lo único que quería llevar conmigo.