Epílogo. El susurro que cambió dos vidas
Cinco años después de su liberación, Ramira llevó a Salomé al parque donde solían pasear cuando la niña era pequeña.
Era una mañana soleada.
Salomé tenía trece años y llevaba el cabello recogido con una cinta azul. Caminaba junto a su madre, contándole sus planes para el futuro.
Quería estudiar derecho.
—¿Para convertirte en abogada? —preguntó Ramira.
—Sí. Quiero ayudar a las personas a las que nadie escucha.
Ramira sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Sería un trabajo importante.
Salomé se detuvo junto a un banco.
—Mamá, ¿alguna vez pensaste que no volverías a verme?
Ramira respiró profundamente.
—Todos los días.
—¿Y qué te hizo seguir adelante?
La mujer contempló el rostro de su hija.
—Al principio, el recuerdo de ti. Después, la esperanza de que algún día alguien descubriera la verdad. Y al final, aprendí que no podía dejar que el miedo decidiera todo lo que quedaba de mi vida.