Parte 2: El secreto que Salomé había guardado durante tres años

Escuchó la grabación, examinó la carta y ordenó preservar los objetos como posibles pruebas. Después solicitó formalmente la suspensión urgente de la ejecución mientras se verificaban las nuevas evidencias.

El procedimiento no fue sencillo.

La condena de Ramira había sido firme. Para revertirla se necesitaban actuaciones legales, y nadie podía garantizar que una llamada bastara para detener todo el proceso.

Pero el fiscal conocía la gravedad de la situación.

Presentó una solicitud urgente ante la autoridad judicial competente y se comunicó con los responsables del centro penitenciario.

A las ocho y cincuenta y ocho, llegó la autorización provisional para suspender la ejecución.

El coronel Méndez cerró los ojos un instante.

Habían llegado a tiempo.

En el pasillo, Ramira esperaba sentada junto a su hija. No sabía qué estaba sucediendo. Solo había escuchado pasos apresurados, teléfonos sonando y órdenes que nadie se detenía a explicarle.

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