Por primera vez en mucho tiempo, sintió vergüenza de su propia incompetencia.
—Haz lo que consideres necesario —respondió.
Magdalena asintió.
—Entonces no vuelvas a contradecirme delante de los trabajadores.
Aquella fue la primera condición de su matrimonio que Evaristo tuvo que aceptar.
### Capítulo 2. La primera venta
Durante las siguientes semanas, Magdalena transformó la rutina de la hacienda.
Ordenó limpiar los corrales, reparar los bebederos y separar a los animales enfermos. Enseñó a los trabajadores a lavar y secar la lana antes de almacenarla, y estableció un registro de cada oveja, cada esquila y cada saco producido.
Los hombres protestaron.
—Nunca hemos trabajado así —dijo uno de ellos.
—Y por eso lleváis años trabajando para seguir siendo pobres —respondió ella.
No necesitó repetirlo.
Con la ayuda de Don Jacobo, Magdalena consiguió rescatar una cantidad considerable de lana. Después utilizó sus ahorros para comprar jabón, agujas, tintes naturales y herramientas de segunda mano.